PATRIMONIO

    

 

 
 
  
  
 
 
  
  Músicos y Danza de los Tejoneros/Fotografía: Cristóbal Trejo
 
 
  
  Personaje de Danza de Tejoneros/Fotografía: Cristóbal Trejo
 
 
  
  Procesión en el interior de la Iglesia franciscana de Coxquihui/Foto: Cristóbal Trejo
 
 
  
  Danza de Quetzales/Fotografía: Cristóbal Trejo
 
 
  
  Danzante de Negros Reales con niñas que harán su 1a. Comunión/Fotografía: Cristóbal Trejo
 
 
  
  Procesión del Santo Patrono/Fotografía: Cristóbal Trejo
 
 
  
  Danza de Negros Reales y maringuilla
 
Fiesta Titular en Honor a San Mateo/Coxquihui
 
 
Héctor Parra/ Fiesta Viva 
 
 
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Los danzantes son los que llegan primero, conformados por los voladores, los quetzales, los negritos, los tejoneros, así como los toreadores, que son acompañados por sus respectivos músicos, quienes caminan por el pasillo central bailando algunos de sus sones. Entran y se arrodillan frente al altar mayor donde los espera San Mateo, se persignan y depositan una vela, la cual encienden después de hacer una reverencia al Santo Patrón del pueblo, dando así gracias por las buenas cosechas y por una año más de vida.

Y así, mientras el pueblo sigue despertando lentamente, aún con sueño y frío se acercan a la iglesia los feligreses, pues celebraran del 20 al 23 de septiembre su fiesta patronal; no importa qué día caiga, la festividad siempre se celebra en las mismas fechas. Al poco rato, la gente va llegando silenciosamente a la iglesia para presenciar la ceremonia de los cuatro puntos cardinales, así como cantar las mañanitas dedicadas al Santo Patrón, en un acto donde todo es música y religiosidad; poco a poco la iglesia se encuentra cada vez más concurrida. Se escucha ya el murmullo de la gente, las voces agudas de los niños y el rechinido de las bancas que van siendo ocupadas por los fieles. No pasa mucho rato cuando aparece el sacerdote, dando con ello inicio a la celebración donde toda la gente participa, junto con el mayordomo, que se hace acompañar de su familia e invitados, realizando cantos y rezos, sin faltar las veladoras encendidas y el incienso que purifica a las personas ahí presentes.

Los danzantes en la madrugada, mientras termina la ceremonia religiosa, salen de la iglesia e interpretan algunos sones en el atrio.

Al poco rato, ya de día, la gente va saliendo de la iglesia y se encamina junto con los danzantes a casa del mayordomo, donde la cera está colocada para rendir culto a San Mateo. Posteriormente llega el momento del descanso y la convivencia con sus hermanos. En el patio de la casa hay mucha gente en movimiento. Los familiares del mayordomo y otras personas se ocupan de atender a los que vienen llegando, aun a los extraños, ofreciendo pan y champurrado para recuperar las energías. Los invitados se acomodan en algún lugar de las banquetas fuera de las casas del vecino para disfrutar del baile de los danzantes, mientras platican y conviven entre ellos, saboreando los alimentos que el mayordomo les ofrece, y de esta forma darles las gracias por acompañarlo en este día de fiesta.

Terminado el convite algunos danzantes emprenden nuevamente el regreso a la iglesia por las calles del pueblo, ya que se acerca la hora de la misa, que será a las doce del medio día, donde se realizan confirmaciones y bautizos. La gente camina con sus mejores galas tratando de llegar temprano y así ocupar un buen lugar para la ceremonia; los cohetes retumban en el cielo con su ruido atronador. A las doce la iglesia está llena y el atrio también. Todos los danzantes ahí reunidos comienzan a bailar entre la muchedumbre; se escucha el rasgueo del violín y de las guitarras huapangueras, así como el sonido de la flauta y del tambor de la danza de los voladores. Los espectadores se reúnen alrededor de cada danza. Dentro de la iglesia ya no cabe la gente; sólo se percibe el llanto de los niños y el murmullo de los fieles. La ceremonia da inicio. La plaza está llena. La gente va y viene en espera de que termine la ceremonia para ir a la casa del festejado con los invitados y disfrutar de la comida, donde se convida mole de guajolote, barbacoa, refrescos y cerveza, acompañada la reunión por música de huapango. Todo es alegría y convivencia con la familia.

Finalmente llega la noche y con la quema del castillo, los lugareños dan rienda suelta a su alegría por tanta luz originada por los cohetes. La fiesta culmina con un baile popular. Al siguiente día todo vuelve a la calma en espera de un largo año para celebrar nuevamente a San Mateo, patrono del pueblo de Coxquihui.

 
 
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